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Alertas · 3 min de lectura

Retos virales: cómo hablar de ellos sin darles publicidad

Cada pocos meses aparece un reto que se difunde en TikTok o Instagram. Estas son las claves para abordarlo en casa y en el aula sin convertirlo, sin querer, en algo más atractivo.


Cada cierto tiempo llega el mensaje reenviado: "Cuidado con el reto de…". Llega por el grupo de WhatsApp del colegio, por un audio, por una captura. Y la reacción instintiva —reenviarlo a todo el mundo— suele ser exactamente lo que no conviene hacer.

El efecto rebote

La investigación sobre comunicación de riesgos lleva años señalando lo mismo: advertir de forma alarmista sobre una conducta puede aumentar su visibilidad. Muchos menores conocen el reto precisamente porque se lo hemos contado nosotros, con todo detalle y con nombre y apellidos.

Esto no significa callar. Significa cambiar el enfoque: en lugar de "no hagas X", trabajar el por qué alguien participaría en X.

Qué hay detrás de un reto viral

Casi ningún menor participa en un reto por el reto en sí. Participa por:

  • Pertenencia. Si el grupo lo hace y yo no, quedo fuera.
  • Validación. El vídeo consigue visitas, comentarios, reacciones.
  • Curiosidad y transgresión, propias de la adolescencia y perfectamente normales.
  • Presión implícita. Nadie obliga, pero todos miran.

Si conseguimos que identifiquen esos mecanismos, el reto concreto deja de importar: habrán aprendido a reconocer el patrón cuando aparezca el siguiente.

Cómo abordarlo en casa

Pregunta antes de afirmar. "¿Has visto algo de esto por ahí? ¿Qué se dice?" abre mucho más que "ni se te ocurra".

No ridiculices a quien participa. En cuanto convertimos a los participantes en "idiotas", el menor que ya lo ha hecho —o cuyo mejor amigo lo ha hecho— deja de poder contárnoslo.

Habla de la salida, no solo del riesgo. La pregunta útil es: "si el grupo lo está haciendo y tú no quieres, ¿cómo sales de ahí sin quedar mal?". Ensayad frases concretas. Tener una respuesta preparada funciona mucho mejor que la buena intención.

Revisa tu propio ejemplo. Si en casa se graba y se sube todo, el mensaje de prudencia pierde fuerza.

Cómo abordarlo en el aula

Un reto viral es una oportunidad excelente para trabajar pensamiento crítico. Algunas propuestas que funcionan:

  1. Analizar el vídeo como producto. ¿Quién gana con esto? ¿Cuántas visitas tiene? ¿Qué pasaría si nadie lo compartiera?
  2. Contar la historia completa. Los retos se difunden editados: se ve la parte divertida, nunca las consecuencias. Reconstruir el final que no se ve es más eficaz que cualquier charla.
  3. Trabajar el papel del espectador. En la mayoría de los casos, el problema no son los dos que participan, sino los treinta que graban, comparten y comentan.

Cuándo sí hay que activar el protocolo

Hay un límite claro. Si el reto implica autolesión, asfixia, sustancias, contacto con desconocidos o difusión de imágenes íntimas, deja de ser un tema de conversación educativa y pasa a ser una cuestión de protección:

  • Documenta lo que se pueda (capturas con fecha y usuario visible).
  • Comunícalo a la dirección del centro y, si procede, a la Policía Nacional o Guardia Civil.
  • Si hay riesgo inmediato para la integridad de un menor, llama al 112.

Para dudas y orientación, el 017 de INCIBE atiende de forma gratuita y confidencial, y la Fundación ANAR ofrece el 900 20 20 10 para menores y familias.

En una frase

No se trata de perseguir cada reto que aparece —son inagotables—, sino de que niños, niñas y adolescentes reconozcan el mecanismo. Eso sí dura más que la sesión.

#retos virales#TikTok#prevención

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