Elige lo que está pasando. Te damos los pasos en el orden en que hay
que darlos, con los teléfonos para llamar desde aquí.
Si hay riesgo físico inmediato, llama al 112.
Una cita concertada con un adulto desconocido o riesgo de autolesión
se atienden por esa vía, no por una web.
No se envía nada. Lo que marques se guarda solo en este dispositivo.
Hay que actuar hoy
Se ha difundido una foto o un vídeo íntimo suyo
Lo primero
No lo reenvíes a nadie. Tampoco para avisar.
Ni al grupo de madres y padres, ni a otra familia, ni al centro. Reenviar una imagen de contenido sexual de un menor amplía el delito, aunque la intención sea buena. Lo que se comparte es el aviso, nunca el archivo.
Antes que cualquier gestión: que sepa que no es culpa suya, que no va a perder el móvil por haberlo contado y que esto se va a resolver. Es lo que determina si te vuelve a contar algo.
Capturas de la conversación —no de la imagen— donde se vea quién la envió, la fecha y la hora. Si puedes, graba la pantalla desplazándote por el chat: aporta continuidad. Guarda copia en dos sitios.
El Canal Prioritario de la AEPD existe exactamente para esto: ordenar la retirada urgente de contenido sexual o violento difundido sin consentimiento. Funciona 24 horas todos los días del año y es gratuito. Es la vía más rápida que hay y casi nadie la conoce.
Si hay contenido sexual de una persona menor de edad, esto deja de ser un asunto escolar. Lleva las capturas. No hace falta tener identificado a nadie para denunciar.
Si hay alumnado del mismo centro implicado, un correo a dirección activa su protocolo y deja constancia de la fecha.
Comunicación a dirección y a la persona coordinadora de bienestar por escrito, ese mismo día. Entrevistas por separado, nunca un careo. Y comunicación a las familias de todas las partes implicadas, no solo de quien recibe.
Ahora sí, cuando ya tienes las pruebas guardadas. Todas las redes tienen una vía específica y prioritaria para contenido sexual de menores.
Lo que no hay que hacer
Reenviar la imagen a nadie, ni siquiera para avisar.
Borrarla del dispositivo antes de haber documentado el chat.
Escribir en caliente a la otra familia: convierte el caso en un conflicto entre adultos.
Culpabilizar a quien se hizo la foto. Eso no cambia nada y lo empeora todo.
Publicar avisos en grupos de clase: amplifica la difusión.
Y después
La retirada no cierra el asunto. El impacto emocional de una difusión dura meses, y conviene apoyo profesional aunque parezca que ya está superado.
Le están acosando por el móvil o en el grupo de clase
Lo primero
No bloquees todavía.
Es lo primero que apetece hacer y destruye el acceso a la conversación. Bloquear va después de documentar, no antes. Un caso sin pruebas es la palabra de uno contra la de otro.
Si la conversación arranca con un interrogatorio —quién, cuándo, por qué no lo dijiste antes—, la próxima vez no lo cuenta. Primero: «me alegro de que me lo cuentes, lo vamos a resolver juntos».
Capturas completas donde se vean el nombre de usuario, la fecha y la hora en la misma imagen. Anota aparte qué pasó, cuándo y quién estaba presente. Guarda copia en dos sitios y no borres nada del dispositivo original.
Un correo a dirección pidiendo la activación del protocolo deja constancia de la fecha. Pide que te confirmen por escrito que lo han recibido. En Canarias, el protocolo fija un plazo máximo de cinco días para realizar las entrevistas.
Anota fecha, hecho observado y actuación, sin valoraciones. Entrevistas por separado. Medidas de protección centradas primero en quien recibe la agresión. Y trabaja con el grupo entero: el alumnado que observa sostiene o desactiva el acoso.
Con las pruebas ya guardadas. Denunciar el perfil dentro de la aplicación suele ser más rápido que cualquier otra vía para que deje de escribir.
ANAR orienta a familias y a centros, y tiene una línea directa para que llame el propio menor si prefiere hablar con alguien de fuera.
Si hay amenazas, difusión de imágenes o el acoso continúa pese al protocolo, corresponde denuncia en Policía Nacional o Guardia Civil. El 017 orienta sobre cómo hacerlo.
Si ha habido o va a haber un encuentro presencial, llama al 112 ahora.
Cualquier cita concertada, presente o pasada, con una persona adulta desconocida se atiende por esa vía, no por una web. Todo lo demás puede esperar cinco minutos; esto no.
Quien capta a un menor lo primero que hace es convencerle de que si lo cuenta se meterá en problemas. Desmontar eso es la actuación más urgente: «has hecho bien en contarlo, tú no has hecho nada malo».
Conversación completa, perfil, nombre de usuario, fechas. Si hay imágenes enviadas o recibidas, no las borres: son prueba. Graba la pantalla desplazándote por el chat.
El contacto de una persona adulta con un menor con fines sexuales es delito y hay unidades especializadas. No hace falta estar seguro de nada ni tener identificado a nadie: la investigación es cosa suya.
Casi siempre empieza en un juego —Roblox, Fortnite, Minecraft— y sigue en Discord, Instagram o WhatsApp. Revisa todas esas aplicaciones, no solo aquella en la que lo has descubierto.
Es habitual que el mismo perfil contacte con varios menores del mismo entorno. El centro puede avisar sin identificar a nadie.
Si el contacto ha llegado a varios alumnos, corresponde comunicación a inspección educativa y aviso a las familias del grupo, sin identificar a la víctima.
Lo que no hay que hacer
Escribir tú desde su cuenta haciéndote pasar por él: entorpece la investigación.
Bloquear antes de documentar: se pierde el acceso a toda la conversación.
Borrar las imágenes enviadas, aunque cueste conservarlas.
Interrogarle sobre qué envió y por qué antes de dejarle claro que no está en un lío.
Esperar a estar seguro de que es un adulto. Denuncia igualmente.
Y después
Aunque no haya llegado a haber contacto físico, el impacto es real. Conviene valoración profesional.
El 024 atiende gratis, las 24 horas, también a familias que no saben qué hacer. Si crees que hay riesgo inmediato, el 112. No esperes a estar seguro: para eso está la llamada.
Está pensado exactamente para esta llamada: alguien preocupado que no sabe cómo abordarlo. Te orientan sobre qué decir y qué hacer a continuación.
Preguntar no siembra la idea; es el mito más extendido y más dañino. «¿Has pensado en hacerte daño?» dicho con calma abre la conversación y alivia. Escuchar sin alarmarse ni sermonear es lo que se necesita.
Medicación, objetos peligrosos. Acompañar es la medida más protectora que existe en las horas siguientes.
La derivación a salud mental infanto-juvenil se hace desde ahí. Si el riesgo es inmediato, urgencias.
Con discreción, pero avisa. El profesorado pasa muchas horas con él y puede observar y sostener.
Un indicio de conducta autolesiva no se gestiona en el aula ni se espera a confirmarlo. Comunicación el mismo día a la familia y al equipo de orientación, por escrito.
Lo que no hay que hacer
Quitarle el móvil como primera medida: le aísla justo cuando menos conviene.
Prometer que no se lo dirás a nadie. No se puede sostener y rompe la confianza después.
Reaccionar con alarma o con enfado: cierra la conversación.
Minimizar: «eso son tonterías», «ya se te pasará».
Esperar a tener la certeza de que va en serio.
Y después
Que hoy esté mejor no cierra nada. El seguimiento profesional es lo que sostiene esto, no la conversación de una noche.
Hay que actuar hoy
Le han robado o suplantado la cuenta
Lo primero
Cambia primero el correo, no la red social.
Quien controla el correo controla todas las cuentas asociadas. Empezar por Instagram mientras el atacante sigue teniendo el correo es perder el tiempo.
Contraseña nueva del correo, verificación en dos pasos activada y revisión de los dispositivos con sesión abierta y de las reglas de reenvío, que suelen dejarse puestas.
Capturas con fecha y hora. Si han publicado contenido dañino, es prueba y puede hacer falta.
Todas las plataformas tienen un procedimiento de cuenta comprometida. Desconfía de cualquier servicio que ofrezca recuperarla a cambio de dinero: es la estafa que sigue a la estafa.
Es una categoría específica en las redes y suele resolverse rápido. Aporta una foto suya para acreditar la identidad si lo piden.
Desde otra vía. Quien suplanta suele escribir a los contactos pidiendo dinero o códigos. Un mensaje al grupo de clase evita la segunda víctima.
La suplantación de identidad puede ser delito, sobre todo si se ha usado para dañar su reputación o para contactar con otros menores.
Lo que no hay que hacer
Pagar a nadie por recuperar la cuenta.
Cambiar solo la contraseña de la red social y dar el asunto por cerrado.
Borrar el perfil falso sin haberlo capturado antes.
Reutilizar la contraseña antigua en otro sitio.
No es una emergencia
Ha gastado dinero sin permiso
Lo primero
Corta el grifo antes de discutir.
Quita el método de pago del móvil, la consola y la tienda de aplicaciones. Un minuto. La conversación se puede tener mañana; los cargos, no.
Historial de compras de la tienda y extracto de la tarjeta. Suma el total: el efecto de verlo junto es muy distinto al de los cargos sueltos, y también para él o ella.
Apple, Google, PlayStation, Xbox y Nintendo tienen procedimientos de reembolso, y las compras hechas por un menor sin autorización suelen entrar. Los plazos son cortos: hazlo hoy.
En la tienda de aplicaciones y en la consola. Y desactiva las compras integradas si es pequeño.
Reñir por la cifra no evita la próxima. Entender que un sobre es una recompensa aleatoria diseñada para que sigas pagando, sí. Pregúntale cuántos abrió hasta que salió algo bueno.
Una cantidad fija al mes, en tarjeta de saldo, que decide él en qué gastar. Convierte un gasto invisible en una cantidad concreta que se acaba. Decidir enseña; prohibir sin más, no.
Lo que no hay que hacer
Pagar y no decir nada por evitar el conflicto.
Convertirlo en un castigo largo: no enseña nada sobre el mecanismo.
Dejar la tarjeta guardada «vigilando más de cerca».
Ridiculizar lo que compró. En su grupo significa algo.
Si te alarmas, aprende que contarte estas cosas sale caro y la próxima vez se lo queda. La calma no es indiferencia: es lo que mantiene abierta la vía.
«¿Te lo mandó alguien o te salió solo?» La respuesta cambia todo lo demás: si se lo envió un compañero es un asunto de convivencia; si se lo recomendó el algoritmo, es de configuración.
Lo que no se puede nombrar se queda dando vueltas. Ponerle palabras —qué era, por qué impresiona, por qué existe eso en internet— reduce el impacto más que cualquier filtro.
Reenviar contenido violento o sexual dentro de un grupo de clase es un asunto de convivencia y el centro debe saberlo.
Un reenvío en cadena implica a muchos. Intervenir solo sobre el primero deja intacto el mecanismo que lo difundió.
Si llegó por recomendación, el historial está desviado. En YouTube se puede borrar el historial para reiniciar las recomendaciones; en TikTok existen filtros de palabras clave y modo restringido.
Quitarle el dispositivo: lee que el problema es haberlo contado.
Interrogarle sobre qué más ha visto.
Hacer como si no hubiera pasado nada.
No es una emergencia
No hay manera con las pantallas
Lo primero
Esta noche no se arregla. Y no pasa nada.
Es lo único de esta lista que no tiene una actuación urgente. Una decisión tomada en mitad de una discusión se incumple en tres días. Lo que funciona es un acuerdo negociado en frío.
No es lo mismo discutir por el horario que ver a alguien que ha dejado de quedar, no duerme y ha bajado el rendimiento. Lo primero se negocia; lo segundo necesita ayuda.
El informe de tiempo de uso del propio móvil, mirado juntos y sin reproche. Casi siempre sorprende a las dos partes, y discutir sobre un dato es mucho más fácil que sobre una impresión.
Horas concretas, no ideas generales. «Poco tiempo» no es un acuerdo; «hasta las 21:00» sí. Y con compromisos también para las personas adultas: un acuerdo que solo obliga al menor es un reglamento.
Si solo puedes cambiar una cosa, que sea que el dispositivo no duerma en la habitación. Es la medida con más efecto sobre el descanso, el ánimo y el rendimiento.
Abandono de amistades y actividades, irritabilidad intensa al no poder usarlo, mentir sobre el uso. Eso ya no es una negociación de horarios.